Olfato: 

¿A Qué huele el covid-19?

Por Dianela Jiménez Ramírez y Sofía Lucero Milla

Facultad de Psicología, UNAM

Diciembre 2021

En enero del 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia provocada por Coronavirus como una de las peores en la historia. De este modo, el virus se convirtió en foco de atención para la comunidad científica. Consecuentemente surgieron líneas de investigación innovadoras e inmediatas enfocadas al diagnóstico, síntomas, tratamiento, y en los medios para minimizar sus secuelas y prevenir futuros contagios. Pese a que el camino hacia la erradicación aún parece interminable, todos estos avances científicos contribuyen al índice de sobrevivientes frente a esta extraña enfermedad. Hoy existen diferentes vacunas capaces de actuar contra el virus, haciéndolo mucho menos dañino, así como fármacos capaces de contrarrestar algunos de los síntomas derivados del contagio en las personas. Sin embargo, tras casi dos años del inicio de la emergencia sanitaria, el virus sobrevive entre la población. Los casos, alrededor del mundo continúan, por ende, aún se reportan secuelas tanto fisiológicas como psicológicas, subrayando en este caso, las relacionadas con la pérdida del olfato en diferentes niveles y su alto impacto en las emociones.

El objetivo de este trabajo es explicar sencillamente qué es el COVID-19, cómo afecta este virus al sistema olfativo, y cuáles son las secuelas de la enfermedad que están afectando en gran medida este sistema. Para esto, en primer lugar se introduce detalladamente el procesamiento de la información olfativa vía bottom-up y top-down. Respectivamente, estas vías de procesamiento de la información van desde “abajo” mediante los receptores sensoriales hasta “arriba” hacia distintas regiones del cerebro, así como desde “arriba”, el cerebro, hacia “abajo” para otorgarle un significado a la información entrante basada en la experiencia previa. En estas dos modalidades se ofrecen explicaciones sobre los procesos cognitivos relacionados con las emociones y la implicación de la memoria en el sistema olfativo. Una vez que se sabe que el olfato es caracterizado por detonar grandes impactos emocionales, cognitivos y motivacionales en los organismos, es relevante estudiar su pérdida total o parcial como parte de los síntomas y las secuelas de la enfermedad por COVID-19.

El interés para realizar este trabajo surge a raíz de las experiencias relatadas de tres mujeres que fueron diagnosticadas con la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). Incluida una autora, ellas comparten sus vivencias reiterando lo difícil, doloroso y deprimente que es o fue el hecho de perder la capacidad distinguir olores, así como las alteraciones que padecieron o la repentina aparición de olores fantasmas. Un común denominador de los testimonios, que sirvió como motivación, es la constante incertidumbre y la gran preocupación respecto a la recuperación de la normalidad olfativa. Por último, con el fin de que otras personas afectadas logren identificarse y esclarecer, en la medida de los posible, sus dudas sobre su padecimiento, este ensayo reúne testimonios y brinda explicaciones accesibles ante preguntas comunes. Es vital  reiterar que la información respecto al COVID-19  continúa  ampliándose y construyéndose sin parar, gracias al esfuerzo del sector salud, desde los laboratorios hasta las clínicas de atención médica.

Olfato

Percepción de olores: el sistema Olfativo


El olor puede definirse como una sensación particular provocada por la acción de determinadas sustancias químicas sobre el sistema olfativo. El olfato es el sentido que es estimulado por los olores y está formado por la mucosa pituitaria, que recubre la parte posterosuperior de las fosas nasales (techo, pared medial y pared lateral). Las partículas olorosas, por su parte, se disuelven en la secreción seromucosa que envuelve el neuroepitelio olfatorio y excita sus células, las cuales transmiten el estímulo al bulbo olfatorio (Clínica Universidad de Navarra, s.f.).

A continuación se mencionan aspectos relevantes del funcionamiento del sistema olfativo según Soundry et al. (2011). Al inhalar, las moléculas de olor pasan a través de la cavidad nasal (transporte aéreo), también pueden transportarse por vía retronasal. Al llegar al neuroepitelio olfatorio, atraviesan su película mucosa que lo recubre. Las proteínas de transporte (proteína de unión olfativa), secretadas por las glándulas de Bowman, ayudan a transportar ciertas moléculas olfativas hidrófobas. El neuroepitelio olfatorio que cubre el lado inferior de la placa cribiforme del hueso etmoides, la parte superior del tabique y el lado medial de la concha medial, está  compuesto por tres tipos de células: neuronas olfativas, células de soporte y células basales subyacentes a las células madre olfativas (Figura 1). 

Figura 1. Representación del sistema olfativo. Representación del bulbo olfatorio (morado), neuronas olfativas (rojo), célula de soporte (azúl), mucosa (verde), célula basal (verde y amarillo), placa cribiforme del hueso etmoides (azul con porosidades).

Las neuronas olfativas primarias tienen una arquitectura bipolar con un polo axonal basal y un polo dendrítico apical. Estas neuronas se renuevan constantemente a partir de las células basales. La transducción ocurre en las neuronas olfativas primarias, cuando se "traduce" el mensaje químico en frecuencias de emisión de impulsos nerviosos. La dendrita termina en una inflamación con numerosas células ciliadas que llevan las proteínas receptoras olfativas de la familia de receptores del segmento 7 transmembrana acoplado a la proteína G. Estas proteínas quimiorreceptoras incluyen sitios receptores de varias formas, de modo que una determinada molécula de olor puede ser reconocida por varios tipos diferentes de proteínas. Los axones, que se originan en el polo basal de las neuronas olfativas primarias, se agrupan en haces de unas cien fibras dentro de una envoltura de células gliales conocidas como "células de la vaina". Estos guían las neuronas, cuya renovación constante inerva el bulbo olfatorio. El bulbo olfatorio es el primer relevo del sistema olfativo, el cual comprende aproximadamente 8000 glomérulos, que reciben los axones de las neuronas olfativas primarias. Todos los mensajes de las neuronas sensoriales que expresan una proteína receptora determinada convergen en un solo glomérulo. Esta fuerte convergencia permite detectar señales de baja intensidad. La imagen de un olor en el bulbo olfatorio está formada por todos los glomérulos correspondientes a las distintas proteínas receptoras activadas por el olor. Las células del glomérulo eferente (mitral) transmiten esta información a la corteza piriforme. Existe así un mapa auténtico de activación neuronal, conocido como mapa odotópico glomerular.

Vías de procesamiento bottom-up y top-down de los olores


Según  Mori et al. (1999), mediante la vía bottom-up el sistema olfativo recibe moléculas de olor del medio ambiente posteriormente la información es procesada  e integrada, esto con el propósito de detectar las cualidades olfativas de los objetos. De esta forma “las imágenes olfativas” creadas en la mente se encuentran fuertemente  relacionadas  con emociones de placer o displacer, según sea el caso de olores desagradables o desagradables. Existen proyecciones zona a zona, aquí se encuentran receptores que se clasifican en cuatro grupos (zona I, zona II, zona III y zona IV) dependiendo de su patrón  de activación en el Bulbo Olfatorio mientras que cada axón converge en la misma zona glomerular.

El procesamiento vía top-down implica la activación de las cortezas piriforme, insular, así como la orbitofrontal. Según Bensafi et al. (2007), el procesamiento por la vía top-down implica la activación de las cortezas. Primeramente, en la corteza piriforme se tiene evidencia de que los olores desagradables mantienen una mayor actividad frente a los  agradables. Los olores desagradables imaginados tienen una mayor actividad que el olor agradable imaginado específicamente en corteza piriforme frontal izquierda. En segundo lugar, en la corteza insular se ha descubierto que existe una disociación del hemisferio izquierdo frente al derecho. Mientras que el hemisferio izquierdo refleja el contenido de olor sin importar su fuente, el hemisferio derecho tiene una mayor activación ante los olores percibidos. Por último, la corteza orbitofrontal se ha observado que presenta una mayor activación para los olores percibidos que para los imaginados.

Olfato: Implicación en la memoria y las emociones


Los  objetos  evocadores,  llevan  consigo  historias  que  están  compuestas  de  sonidos, imágenes  y  olores,  todo  un  mundo  de  sensaciones.  El olfato es por excelencia,  capaz  de  evocar memorias más vívidas (Quitián, 2016). Esto se debe a su conexión directa con el sistema límbico (Figura 2). Este sistema es una red de estructuras conectadas entre sí que se encuentra cerca de la parte media del cerebro y está conectada con el sistema nervioso central. Estas estructuras trabajan en conjunto para tener efecto en un amplio rango de comportamientos que incluyen las emociones, la motivación y la memoria. Los aromas agradables nos permiten recordar momentos que fueron o son  placenteros, mientras que los olores que percibimos como desagradables inhiben estos recuerdos o se evocan recuerdos que son muy gratos, tristes, etc. Adicionalmente, cabe resaltar que los cambios en las cualidades emocionales inducidos por los aromas que nos rodean han sido aprendidos como resultado del contexto en el cual fueron inicialmente experimentados.

Valor emocional de los olores


El más primitivo de nuestros sentidos dispone de la capacidad de evocar imágenes y sensaciones al formar parte del sistema límbico, también llamado cerebro emocional. “La información olfativa se procesa en la corteza olfatoria primaria que tiene una conexión directa con la amígdala y el hipocampo. La amígdala está relacionada con la memoria emocional y el hipocampo se encarga de la memoria y el aprendizaje, por lo que ambos tienen un potencial enorme para evocar recuerdos”. “Puede cambiar nuestro humor, despertar emociones o evocar recuerdos, por lo que el olfato tiene unas implicaciones sociales y emocionales muy importantes”. Incluso el propio desarrollo de la especie humana no hubiera sido viable de no ser por la agudeza olfativa de nuestros ancestros (Lozano, 2019).

Sin duda alguna, el sentido del olfato es uno de los sentidos más particulares del ser humano, pues además de ser parte de la percepción, tiene componentes emocionales que implican que cada olor pueda ser relacionado con recuerdos, eventos importantes, emociones; inclusive es aún más relevante que el sentido del olfato implique aprendizaje y memoria para poder recordar cosas que van desde un día feliz en la vida, hasta ser adaptativo para nuestra supervivencia. Ahora bien, enfatizando el tema central que corresponde a la estrecha relación causal entre el COVID-19 y la pérdida o distorsión del sentido del olfato, más adelante se reportan tres casos de personas anteriormente infectadas de COVID-19 con afectaciones en la memoria olfativa, explicando cómo las emociones continuaron siendo un sube y baja frente a los sabores y olores en la cotidianidad, los tres testimonios concluyendo en una notable repercusión en calidad de vida.

Figura 2. Representación de las estructuras del sistema olfatorio: bulbo (amarillo), cavidad nasal (azul claro), corteza cerebral (gris), sistema límbico (gris obscuro).

Pérdida o distorsión del olfato por El COVID-19

Figura 3. Aproximación gráfica simplificada de la estructura del virus del COVID-19.

¿Qué es el COVID-19?


Los virus, aunque es debatido si son organismos o materia inerte, varían en complejidad. Por lo regular, se componen de material genético como ADN o ARN rodeado por una capa protectora de proteínas (Figura 3). Debido a que no cuentan con los medios internos para replicar proteínas por sí mismos, deben encontrar una célula huésped para reproducirse. Lo hacen inyectando su material genético en el núcleo, este proceso secuestra las funciones de la célula y la "instruye" para reproducir copias del virus (Graham, s.f.)


Los coronavirus son una gran familia de virus que consisten en una sola hebra de ARN.  A lo largo de la cápside se conservan  proteínas con forma de "corona" puntiaguda que se adhieren al huésped. Este grupo de virus está presente tanto en humanos como en animales y desencadenan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) (UNAM-China, 2020). Actualmente el virus en cuestión es mundialmente conocido como el coronavirus tipo 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2). El padecimiento que se deriva del patógeno viral  es la  enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19),y  resulta ser uno de los más nuevos.

¿Cómo afecta la percepción olfativa?


De la enfermedad por COVID-19 un síntoma común y a menudo el único es la anosmia, la pérdida del olfato (Khan et al., 2020). La disfunción quimiosensorial puede observarse en pacientes con síntomas inespecíficos. La infección vírica del tracto respiratorio superior es una causa común de disfunción olfativa, en parte porque el epitelio olfativo está situado junto al epitelio respiratorio, siendo este el lugar de replicación de múltiples virus que causan infección. También porque las neuronas olfativas están expuestas directamente al medio ambiente. Aunque es preciso estipular que las células ciliadas son el principal tipo de células objetivo del SARS-CoV-2 en la mucosa respiratoria. Lo que se estipula sobre este virus, en específico, es que causa disfunción olfativa a través de daños directos en el epitelio sensorial, lo que provoca la disfunción olfativa transitoria o persistente (Figura 4). Sin embargo, aún no hay ninguna explicación certera de cómo el SARS-CoV-2 omite o altera el sentido del olfato (Lechien et al., 2021). Una cuestión no resuelta es si el nervio olfativo puede proporcionar al SARS-CoV-2 una vía de entrada al cerebro (Butowt et al., 2021).


Figura 4. Representación de un caso de distorsión en el olfato provocando confusión en un paciente que sufre de anosmia o parosmia.

Testimonios

Testimonio 1: 

A la paciente D. le gustaba el olor a pino, pero ahora lo detesta. Siente que el pollo huele a podrido aunque esté en perfectas condiciones, el olor le resulta tan intenso que prefiere ya no comerlo. La joven de 29 años perdió el gusto y el olfato el 17 de julio, tres días después de recibir el diagnóstico positivo a COVID-19. Aunque ya está libre del virus, ella tiene parosmia, enfermedad que distorsiona los sentidos tanto del olfato como del gusto y es una de las secuelas de COVID-19. “Cada vez identifico más sabores y olores. La verdad ya ni me doy cuenta de qué me sabe y qué no”, explica en una entrevista con la Revista Chilango en 2021. Pese a la mejoría en sus sentidos, la paciente D. desconoce cuándo regresarán a la normalidad. Hasta ahora ha consultado a tres especialistas, incluido un neumólogo, pero ellos tampoco conocen la respuesta (Almaraz, 2021). 


Testimonio 2: 


Paciente SL. (20 años), mexicana se obtuvo la información el día 29 de noviembre de 2021. En el mes de julio del año 2020 SL comenzó a presentar síntomas correspondientes a la enfermedad por COVID-19. Una semana después notó que su sentido del gusto y olfato iban disminuyendo hasta el  grado de ya no oler ni saborear ningún alimento. Al inicio pensó que probablemente esto solo era una gripe más y que la pérdida tanto el gusto como el olfato eran síntomas de la misma; sin embargo después de casi un mes (ya casi recuperada por completo de los síntomas del COVID-19) su sentido del gusto y olfato seguían sin funcionar adecuadamente. Algunas semanas más tarde comenzó a percibir nuevamente los olores del ambiente, no obstante  algo muy extraño ocurrió, tanto olores como sabores eran diferentes a como ella los recordaba. El limpiador de pino, el cual era muy agradable para ella, se convirtió en repulsivo, casi insoportable; “la carne tenía un olor y sabor a húmedad”; cualquier refresco que tomara le sabía a “jabón o limpiador de piso”. Tras estas repetidas experiencias su vida se transformó por completo. Dejó de disfrutar mucho sabores y olores y era víctima de la incertidumbre sobre su situación, pues nadie sabía decirle hasta qué momento su sentido del gusto y olfato se iban a restaurar o siquiera si esto algún día sería posible. Hoy tras casi año y medio, la paciente SL. comenta que ha recuperado por completo la percepción olfativa y gustativa, sin embargo tuvo mucho temor de que esto nunca llegara a suceder.


Testimonio 3: 


Paciente DJ. (15 años) mexicana, se obtuvo la información el día 29 de noviembre de 2021. A principios del mes de julio del año 2021 DJ comenzó a experimentar los primeros síntomas de la enfermedad por COVID-19; y fue a los cinco días cuando perdió por completo el sentido del gusto y olfato. Tras su recuperación absoluta, 21 días después de haber dado positivo al virus, parcialmente fue capaz de oler y degustar de nuevo. Sin embargo, a través del tiempo, ambos sentidos comenzaron a sufrir severas distorsiones: la carne, en general, para ella aún mantiene un olor y un sabor muy diferente al que recuerda, y los compara con sabores y olores a  húmedad o basura; también el olor a cebolla o ajo los etiqueta como insoportables. Las bebidas gaseosas, por lo pronto, “ya dejaron de saber a jabón” y el café, por su parte, “aún huele a gasolina”. A raíz de su constante frustración frente a los sabores y olores de los alimentos, ella  comenta que realizó una visita al otorrinolaringólogo donde le recomendaron, para tratar la parosmia,  aproximaciones cortas a aromas como rosas, limón, eucalipto y lavanda mediante un difusor durante el día. A raíz de esta aromaterapia la paciente DJ. reporta una recuperación paulatina de estos dos sentidos posterior a los cuatro meses de haber iniciado con las primeras exposiciones.


Una de las cosas que actualmente más desconcierta a los profesionales y especialistas de la salud es no tener un pronóstico exacto de cuánto tiempo duran estas secuelas o inclusive si pueden llegar a ser permanentes en las personas, se siguen realizando estudios en todo el mundo y se busca encontrar una solución, pero hasta el día de hoy no existe tratamiento alguno que sea capaz de contrarrestar los efectos del COVID-19 en cuanto a la percepción olfativa. 

Conclusiones

Pese a que, por el momento, no existe una sola explicación de cómo el SARS-CoV-2 omite o altera el sentido del olfato, el estudio de los mecanismos neuropsicológicos que nos vuelven capaces de procesar olores resulta de gran utilidad generando pistas para intervenciones terapéuticas destinadas a prevenir y aliviar la disfunción olfativa en casos relacionados con la infección por COVID-19. En cuanto a la relación que el nuevo coronavirus mantiene con las alteraciones olfativas y las emociones en la calidad de vida, se reitera la gran relevancia de los componentes emocionales como parte fundamental del funcionamiento óptimo del sistema olfativo participando en un estado integral de la salud. Involucrando los aspectos emocionales se profundiza ampliamente el estudio del completo bienestar físico, mental y social respecto a la enfermedad derivada por COVID-19 y sus hallazgos y posibles soluciones. El ejemplo próximo sobre la trascendencia de los sentimientos a partir del procesamiento olfativo, está plasmado en los testimonios anteriores que mientras reconocen el deterioro en la calidad de vida, se describe la falta de memorias olfativas, depresión al perder un estilo de vida o desesperanza y pocos ánimos ante la constante respuesta de especialistas “no sabemos hasta cuando se restablezca tu olfato o si realmente llegue a restablecerse.”

 La Psicología dota a sus profesionales con las competencias y herramientas necesarias para ser generadores de conocimiento, pues son parte de los principales expertos competentes para intervenir en el estudio de la relación que tienen las bases biológicas directamente con la conducta, específicamente las emociones. Los resultados sobre el estudio del COVID-19 son posibles gracias a las  investigaciones transdisciplinarias. De este modo son diversos los enfoques científicos que suman a través de distintas disciplinas buscando las explicaciones que respondan a cuestiones sobre todo lo nuevo que trae consigo esta enfermedad. Sin embargo, el camino es largo y parece no mostrar un final estipulado en el calendario. La responsabilidad de encontrar soluciones frente a la pandemia no se reserva únicamente para la comunidad científica, mucho menos para el personal que labora en hospitales, sino que es tarea de todos y de cada uno acercarse a fuentes de información fidedigna y participar en los protocolos señalados por profesionales, como son las campañas de vacunación. Al mismo tiempo, optar por estas acciones, es una manera de agradecer y no pasar por alto el esmero de todos los que contribuyen al término de la pandemia desde sus laboratorios hasta las clínicas que reciben casos de COVID-19 día a día.

Videos recomendados 

El video es realizado por el instituto nacional de ciencias médicas y nutrición Salvador Zubirán, en él se ilustran algunas recomendaciones que expertos hacen a la población para una pérdida parcial o total del sentido del olfato, esto con el propósito de intentar recuperar poco a poco el olfato. Las recomendaciones van desde el uso de aceites esenciales, uso de la memoria olfativa, entre otras.

El canal de noticias “Euronews” nos relata algunas de las secuelas más comunes que  han sufrido personas en Europa a causa del COVID-19 respecto al olfato, se muestran algunos de los tratamientos que se utilizan con la finalidad de que los pacientes puedan recuperar por completo el olfato, los pacientes describen lo difícil y deprimente que han sido estos meses con anosmia.

El periódico “El Universal” nos habla de un reciente estudio en el que se descubrió que las secuelas en el olfato son más comunes de lo que parece, de la misma forma nos narran que varios investigadores advierten que esta distorsión sensitiva podría alterarse permanentemente.  También se menciona que esta pérdida o distorsión del olfato se podría deberse a un fenómeno denominado como quimiotesis en el cual la sensibilidad química de las membranas mucosas, como la boca y la nariz, pierden su capacidad de detección.

En este video el centro digital de noticias elDiario.es nos habla de la anosmia presentada en personas que sufrieron COVID-19, es un video muy interesante pues uno de los periodistas que trabajan en este diario relata su particular caso en donde después de 6 meses de recuperarse de esta enfermedad sigue sin poder recuperar el olfato, también recopila testimonios de personas que al igual que él sufren anosmia o parosmia y relatan cómo es su caso. Otra parte interesante que podemos rescatar de este video es en estudio que se menciona, este estudio se realizó en España y en él se encontró que cerca del 43% del total de personas que han presentado covid sufrieron síntomas de anosmia o hiposmia, mientras que cerca de un 5% de la población mundial sufre de anosmia. En el video también se explica cómo es que el virus afecta a las células y todo lo que se encuentra a su alrededor. Por último se relata cómo es que la calidad de vida de muchas personas se ha visto afectada con estas secuelas y como es que la pérdida del olfato puede ser incluso fatal en términos de supervivencia, sin embargo se da una esperanza tras hablar de los posibles tratamientos como lo es la rehabilitación.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS  

REFERENCIAS